Esta castreña, más conocida como “La bonita de Perales”, respira mar por todos los lados, pues ha pasado su vida entre muelles, lonjas, bodeguillas y salas de subastas. Pasados los 90 años, acumula en su haber los oficios de armadora, muchacha de barco, acopiadora de pescado y adobadora (término con el que se conoce en Castro Urdiales a las rederas).
Ahora, ya jubilada, presume de seguir siendo una persona muy activa, que colabora como costurera con la ONG “Stella Maris” y participa como tertuliana en Punto Radio Castro y en las “Tertulias del Muelle” del Museo Marítimo del Cantábrico en Santander, cerrando a menudo sus intervenciones con uno de esos versos que ella llama “Amaneceres”, dedicados al mar.
Mercedes nació en 1921 en el seno de una familia marinera, donde primero su padre y luego sus hermanos y hermanas se dedicaron a las labores de la mar. Heredera de esta tradición, a los 12 años comenzó a trabajar en el sector pesquero, donde ejercería muchos oficios hasta ya cumplidos los 65 años.
Mercedes se casó con Justo Lecue, de San Vicente de la Barquera, que era patrón y armador. Así, se hizo a la mar, al frente, junto a su marido, de barcos como el “Mari-Tere”, “Juan de la Cosa”, “Bonita de Perales“, “Asunción de María”, “Estrella de los Mares” y, por último, del “Lecue”. En muchos de ellos desempeñó la labor de muchacha, acarreando los cestos, el carbón, el comestible…
Otra de sus labores fue la de adobadora, oficio a través del cual conoció los bolinches o el aparejo de sereña, y tiñió muchas mallas de algodón para el arte de cerco hasta que llegó el nylon.
Mercedes también ha sido acopiadora en la Lonja de Castro-Urdiales junto a su hermana Conce, y desde allí lo mismo enviaban bocarte para Galicia, que jibiones o maganos para Barcelona, besugos para Santurce y San Sebastián, y verdel para Zumaya.
De todos estos oficios guarda un buen recuerdo y muchas anécdotas, algunas divertidas, y otras que la marcaron especialmente.
Por ejemplo, cuenta que se puso de parto de madrugada cuando poco antes había estado plegando 2.000 kilos de besugo en cajas.
Experiencias como esta ejemplifican a la perfección lo duro que era el trabajo de las mujeres del sector, un sector donde Mercedes asegura que siempre se ha sentido “respetadísima y muy valorada”. Ahora, haciendo balance de todos sus años en la pesca, pocas cosas encuentra que para ella sean motivo de queja, ni siquiera las duras condiciones de trabajo, las largas jornadas o las dificultades para conciliar su vida familiar y laboral, y eso que en su caso eran 6 hijos los que tenía que atender. Lo único que sí lamenta es que se estén perdiendo oficios tradicionales como el de las adobadoras.
Casi 30 años después de su jubilación en el sector, reconoce que, de no haberse dedicado al mar, le hubiera gustado ser modista; y es que el coser siempre ha estado presente en su vida, no sólo como redera, sino también como maestra costurera de formación.
Esta faceta de Manuela ha dado para que puedan estrenar gabanes y chaquetitas sus 11 nietos, sus 8 biznietos y sus sobrinos y sobrinillos. Aún hoy, con la veterana máquina Singer sigue cosiendo vestidos para la ONG “Stela Maris” de Castro, y en países como Guatemala, Perú, el Congo o la India hay más de 600 niñas que los lucen.