El olivo permite contener la erosión y desertificación del suelo de las regiones donde se cultiva así como mantener la biodiversidad. Además, crea un efecto sumidero que hace que capture más CO2 de la atmósfera que los gases de efecto invernadero emitidos a lo largo de todo el proceso de producción del aceite de oliva virgen o el aceite de oliva virgen extra. El ciclo de producción de 1 litro de aceite de oliva elimina 10kg de CO2 de la atmósfera, por lo que su cultivo significa un balance positivo para el medioambiente.