Históricamente, en la confluencia entre el río Ebro y el río Aragón existía un amplio cinturón de meandros que fueron desapareciendo en favor de los cultivos. Con objeto de aumentar la superficie cultivable, entre 1960 y 1990, el río Ebro fue canalizado con motas de defensa y, desde entonces, el cauce no tiene la anchura suficiente para evacuar el caudal de ambos ríos.
Paradójicamente, de esta manera se aumentó el riesgo de inundación en las zonas aledañas, convirtiendo el río en uno más estrecho, profundo y rápido, más agresivo y desbordable. Esas mismas defensas levantadas para proteger los campos, impiden que las aguas retornen al cauce una vez desbordadas, lo que aumenta el tiempo en que quedan anegados los cultivos.
La mota del Paraje de La Nava estrechaba el cauce en un punto en el que debería ensancharse, lo que producía desbordamientos habitualmente, empeorando el estado ecológico del cauce y poniendo en riesgo su biodiversidad.
Además, los desperfectos ocasionados por las inundaciones en las infraestructuras de uso general del Camino Natural del Ebro suponían un riesgo para los usuarios que, a partir de ahora, podrán de nuevo disfrutar del paraje de La Nava, de su nuevo humedal y de este rico ecosistema de ribera.
Descubre esta impresionante obra en el vídeo “Restauración fluvial en el entorno de La Nava, en Alfaro (La Rioja)”