Descripción de la enfermedad
La peste equina africana (PEA) es una enfermedad vírica infecciosa, pero no contagiosa directamente, que afecta a los équidos y que se caracteriza por alteraciones de las funciones respiratoria y circulatoria. Está causada por el virus de la peste equina africana (AHSV), un virus del género Orbivirus y de la familia Sedoreoviridae.
La enfermedad afecta a todas las especies de équidos, aunque existen importantes diferencias en cuanto a susceptibilidad. Los caballos son especialmente susceptibles y pueden desarrollar formas graves de la enfermedad con elevada mortalidad. Los asnos y las cebras presentan una mayor resistencia y pueden desarrollar infecciones más leves o subclínicas. Las cebras, en particular, pueden presentar una viremia prolongada y desempeñar un papel importante en el mantenimiento del virus en la naturaleza. Ocasionalmente: elefantes, onagros, camélidos, perros.
España figura actualmente entre los países reconocidos oficialmente libres de peste equina africana por la OMSA.
Transmisión
La peste equina africana se transmite principalmente mediante la picadura de insectos hematófagos del género Culicoides, que actúan como vectores biológicos del virus. Estos insectos adquieren el virus al alimentarse de un équido infectado y posteriormente pueden transmitirlo a otros animales susceptibles durante nuevas picaduras.
La transmisión está relacionada con la actividad de los vectores, por lo que la enfermedad presenta un marcado carácter estacional y puede verse favorecida por determinadas condiciones climáticas que incrementan la abundancia y actividad de los Culicoides.
La transmisión directa entre équidos no constituye la principal vía de propagación de la enfermedad. No obstante, la transmisión mecánica mediante material contaminado con sangre puede producirse de forma excepcional.
La infección de un équido puede definirse, de acuerdo con el Código Terrestre de la OMSA, mediante el aislamiento e identificación del virus, mediante la detección de antígeno o ARN específico del AHSV en determinadas muestras o mediante evidencias serológicas de infección activa.
El periodo de incubación puede variar en función de diferentes factores, entre ellos la cepa del virus y la susceptibilidad del animal.
Signos clínicos
La gravedad de la enfermedad depende principalmente de la susceptibilidad del hospedador y de la cepa vírica implicada. En los caballos pueden producirse cuadros graves y de elevada mortalidad, mientras que los asnos y las cebras suelen presentar formas más leves.
Clásicamente se describen cuatro formas clínicas de peste equina africana: forma pulmonar, forma cardíaca o edematosa, forma mixta y fiebre de la peste equina.
La forma pulmonar es una forma sobreaguda que afecta principalmente a animales completamente susceptibles. Se caracteriza por fiebre elevada, dificultad respiratoria intensa, tos, secreción nasal y espuma que puede aparecer por los ollares. Puede producir la muerte rápidamente y presenta una elevada mortalidad.
La forma cardíaca o edematosa presenta una evolución más subaguda y se caracteriza principalmente por edema de los tejidos, especialmente en la cabeza y el cuello, además de fiebre y alteraciones circulatorias. La mortalidad puede alcanzar aproximadamente el 50 %.
La forma mixta combina signos característicos de las formas pulmonar y cardíaca y es la presentación clínica más frecuente. Su mortalidad puede alcanzar aproximadamente el 70 %.
La fiebre de la peste equina es una forma generalmente leve que puede observarse especialmente en équidos más resistentes, como los asnos y las cebras.
Diagnóstico
El diagnóstico de la peste equina africana debe basarse en la sospecha clínica y epidemiológica y confirmarse mediante pruebas laboratoriales. Debido a que los signos clínicos pueden ser similares a los producidos por otras enfermedades de los équidos, la confirmación laboratorial resulta fundamental.
La detección del agente puede realizarse mediante aislamiento e identificación del virus, detección de antígeno o detección de ARN específico del virus. Las técnicas moleculares, especialmente la RT-PCR en tiempo real, permiten detectar el material genético del AHSV y son herramientas importantes para la confirmación de la infección. En el Manual Terrestre de la OMSA se incluyen métodos específicos para el diagnóstico de la PEA y para la identificación de los diferentes serotipos del virus.
También pueden utilizarse pruebas serológicas para detectar anticuerpos frente al virus. Estas técnicas pueden ser útiles para demostrar exposición o infección, aunque la interpretación debe tener en cuenta la vacunación y el momento de la toma de muestras.
En caso de sospecha de un brote, además de confirmar la presencia del virus, es importante realizar su caracterización y determinar el serotipo implicado para orientar las medidas de control y vigilancia.