Principios generales de la restauración hidrológico-forestal. El sistema corrector de cuencas torrenciales

     

    Analizando el fenómeno torrencial y la mecánica de los factores que lo caracterizan, es como pueden establecerse los principios generales que deben regir las actuaciones correctoras propias de la restauración hidrológico-forestal.

    En efecto, la existencia de caudales sólidos (tanto en forma de suspensiones como de acarreos) y la presencia de crecidas violentas y repentinas son caracteres inherentes al fenómeno torrencial.

    Las suspensiones se producen principalmente por fenómenos de erosión superficial (laminar y en regueros) en la cuenca, con lo cual queda establecido un claro paralelismo entre los dos fenómenos y, por tanto, entre las acciones restauradoras: la conservación de los suelos de una cuenca frente a los fenómenos de erosión y la corrección de la torrencialidad de sus cauces debida a la presencia de materiales en suspensión.

    Por otro lado, los acarreos se presentan en una corriente fundamentalmente por la erosión de los cauces originada por la fuerza tractiva de los caudales, que es mayor cuanto mayor es el calado y, por tanto, cuanto más elevado es el caudal. Pero la cuantía del caudal depende del volumen y velocidad de la lámina de escurrimiento o escorrentía que producen en la cuenca las precipitaciones, escorrentía que es a su vez responsable de su erosión. Por lo tanto, se ve que ambos fenómenos son también paralelos: presencia de acarreos por erosión en los cauces, y erosión en la cuenca receptora.

    En esta misma línea puede hablarse de las crecidas violentas y repentinas que se producen cuando, ya desde los primeros momentos de la precipitación, se inicia la escorrentía a causa de la incapacidad del sistema suelo-vegetación para infiltrar el agua que recibe y ralentizar el escurrimiento. La compactación de la capa superficial del suelo, desnudo o no protegido, por el impacto directo de las lluvias en él, fenómeno típico de las cuencas erosionadas, tiene una influencia decisiva en esta brusca acumulación de caudales elevados en los cauces.

    En definitiva, existe una estrecha interrelación entre los fenómenos torrenciales en los cauces y la erosión de sus cuencas receptoras.

    El principio teórico en el que se basa la corrección del fenómeno torrencial es la comparación entre la capacidad de arrastre del caudal que circula por el lecho ("tensión tractiva", que aumenta con el peso específico del agua, con la pendiente del cauce y con el radio hidráulico de la sección*) y la resistencia a ser arrastrados que ofrecen los materiales del lecho afectados por la tensión tractiva ("tensión límite de arrastre" o "tensión crítica", que es función del diámetro de los materiales del lecho y de la diferencia entre el peso específico de éstos y el de la corriente).

    Cuando en una sección de un cauce la tensión crítica es menor que la tractiva se presentarán fenómenos de erosión y, en consecuencia, transporte de acarreos, es decir, el fenómeno torrencial. Por tanto, toda actuación en la red hidrográfica o en la cuenca, que origine una disminución de los parámetros que integran la tensión tractiva de las descargas o que origine un incremento de la tensión crítica del contorno de los cauces, dará lugar a una mejora o corrección de su estado torrencial.

    En efecto, debido al control que la vegetación forestal ejerce sobre la erosión superficial, la restauración de la cubierta vegetal de la cuenca consigue retirar sedimentos en suspensión que enturbian y densifican la corriente, disminuyendo así el peso específico de la misma y, por tanto, su tensión tractiva, aumentando, por el contrario, la tensión crítica del contorno de los cauces. Igualmente, debido al control significativo que la vegetación forestal ejerce sobre las escorrentías directas, la restauración de la misma, incluyendo su mantenimiento en buen estado, produce una disminución de los caudales punta líquidos circulantes, disminuyendo así mismo el radio hidráulico de las secciones ocupadas por las descargas y, en consecuencia, la tensión tractiva de éstos. Conviene insistir en que el control que la vegetación ejerce sobre las escorrentías es "significativo", como se ha dicho, pero no absoluto, en el sentido de que aun con el óptimo de cubierta vegetal, ante determinados aguaceros una cuenca puede generar escorrentías muy importantes y, en consecuencia, caudales instantáneos máximos también de consideración.

    Puede concluirse, por tanto, que, salvo en algunos casos muy concretos de torrentes de montaña, la corrección del fenómeno torrencial no puede quedar circunscrita a meras actuaciones en el propio cauce que lo soporta, sino que es necesario e imprescindible actuar también en la cuenca, integrando, en definitiva, un conjunto de acciones de mejora de la cubierta vegetal y obras de ingeniería hidráulica, armónicamente distribuidas entre la cuenca y los cauces, como a continuación veremos.

    El radio hidráulico es el cociente entre la sección mojada por el caudal circulante y el perímetro mojado.

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