Etapa 17: Castronuño - Toro

Etapa 17: Castronuño - Toro

    Los campos mimados: El regadío

    El sendero de los Almendros permite descubrir el paisaje característico de la Reserva Natural de las Riberas de Castronuño, donde almendros, observatorios de aves y la propia ribera del río Duero son protagonistas. Una vez se deja atrás la presa de San José el recorrido se adentra en la fértil vega del río Duero, donde las fincas de regadío, continuamente mimadas por el agua, ofrecen magníficas cosechas de alfalfa, maíz y remolacha. La bella localidad de Toro, situada en un balcón natural, alzándose en el horizonte, guiará los pasos en el tramo final.

    Perfil MIDE de Castronuño-Toro

    La zona de bodegas en la parte alta de Castronuño, cerca de la Iglesia románica de Santa María del Castillo, del siglo XIII, y de la Casa de la Reserva, centro de interpretación, es el lugar de inicio de la etapa que abandona tierras vallisoletanas y entra en la provincia de Zamora. El amplio horizonte que se divisa permite contemplar el río Duero y la presa de San José, dentro del espacio perteneciente a la Reserva Natural de Riberas de Castronuño, lugar de reproducción, refugio e invernada de una amplia comunidad de especies de avifauna.

    Vista panorámica del río desde Castronuño

    El recorrido coincide en su tramo inicial con la senda de los Almendros, una pequeña ruta que discurre junto al Duero por los alrededores de Castronuño, entre almendros centenarios. Se desciende desde la “Muela” donde está asentada la localidad por el citado sendero, cuya parte inicial coincide también con la antigua senda de los Pescadores (camino tradicional utilizado por los pescadores del pueblo para subir desde el pequeño puerto donde tenían las barcas).

    El sendero está muy bien acondicionado con pasarelas, tramos de escaleras donde la pendiente es más acusada y un mirador sobre el río (Mirador del Teso). Después de cruzar el arroyo del Puente, se llega al puerto, donde un observatorio permite observar las aves con sigilo.

    La ruta continúa por el pequeño sendero citado en la anterior etapa, entre el quitamiedos de madera y la cubierta de álamos que se encuentra en perfecta alineación junto a ésta, hasta la presa de San José.

    Pasada la presa llega a una amplia zona de baño con aparcamiento, extremando la precaución en este tramo ya que el camino va por la carretera comarcal 112 hasta el primer cruce que se encuentra girando a la derecha por un camino que sigue al Canal de San José, entre tierras de labor, dedicadas principalmente a los cultivos de regadío de alfalfa y maíz. En la medida que el camino se acerca al Duero se hace patente la gran cantidad de álamos (Populus alba) que existen en su orilla y que constituyen la banda de vegetación de ribera.

    Puente Mayor de Toro

    Así, se llega hasta Villafranca de Duero, localidad que se deja atrás para continuar por el camino agrícola asfaltado que sale por su zona norte, cruzando previamente el Canal a la salida del pueblo, y que avanza por la vega del río Duero. El paisaje está dominado por los cultivos de regadío, aunque siempre con la presencia de las aguas del Duero y su bosque de ribera en la cercanía. Algunas pequeñas choperas de producción rompen la homogeneidad del paisaje.

    Más adelante termina el asfalto y se continúa por un cómodo y llano camino de grava. A lo largo de este tramo, el río Duero realiza una marcada curva y se acerca a la ruta, permitiendo ver sus aguas, la señalización indica que se debe girar a la derecha en un cruce, dejando inmediatamente un pequeño bosquecillo de pinos a la derecha.

    El Camino discurre paralelo al río Duero, y llega hasta el Caserío de Tímulos, donde se puede observar un bonito palomar de planta circular sobre un pequeño farallón rocoso, resaltando sobre el entorno llano. Se atraviesa el caserío y se continúa con dirección norte de nuevo junto al Canal de San José, que se abandona un poco más adelante, internándose la ruta en un bosque de pino piñonero (Pinus pinea).

    Colegiata de Santa María la Mayor

    No muy lejos se encuentra la presa de Toro, donde una pequeña pasarela situada a la derecha da acceso a un observatorio de aves en el que se puede hacer una relajante y reparadora parada.

    Una vez retomada la marcha el recorrido avanza por una zona de mosaico, donde se alternan las manchas de pinar con las tierras de regadío, salpicadas con alguna finca dedicada al cultivo de secano. Una gravera indica la cercanía a una zona más humanizada. En la confluencia con otro camino agrícola se gira a la derecha, para continuar junto a una carretera, dejando a la derecha una urbanización.

    Desde aquí se observa ya Toro, lugar donde finaliza la etapa, asomada en un alto sobre el río. El Camino discurre entre la carretera y las aguas del Duero, que guían los pasos en este tramo final. Poco a poco la carretera se aleja mientras que el camino avanza entre álamos y otros árboles de ribera en busca del puente Mayor de Toro, de origen románico-medieval, que permite cruzar el río Duero, que discurre a los pies de esta bella población zamorana. No será extraño ver a numerosos pescadores apostados sobre el puente lanzando sus cañas en busca de algún pez.

    Un área recreativa junto al puente y bajo las casas de la localidad es el punto donde concluye esta relajada etapa.

    Información adicional

    Toro

    La localidad de Toro cuenta con un rico patrimonio cultural, destacando los restos de las murallas que protegieron la ciudad, diversas iglesias de origen mudéjar, los monasterios de Santa Sofía y de Sancti Spiritus, la plaza de toros o el arco del Reloj, del que una leyenda cuenta que en la argamasa para su construcción se utilizó vino en lugar de agua por ser más económico que subir agua desde el río. El Carnaval de Toro también es de interés cultural, siendo además, uno de los pocos que no fue prohibido durante la dictadura franquista.

    Sin embargo, entre todos los edificios y lugares de interés de Toro, destaca la Colegiata de Santa María la Mayor, inspirada en la Catedral de Zamora. Su construcción comenzó en el s. XII, siendo uno de los edificios religiosos más característico del románico en su fase de transición.

    Las obras se extendieron durante muchos decenios, no dándose por finalizada hasta mediados del s. XIII, lo que provocó que fuese construida en dos etapas. Inicialmente se realizaron las portadas laterales, los muros y las trazas; mientras que en la segunda se levantó la cubierta y un cimborrio con torres adosadas.

    El primer maestro que trabajó en su construcción utilizó la piedra caliza para levantar el edificio, utilizando técnicas muy vanguardistas para la época. Sin embargo, el segundo maestro utilizó elementos más antiguos estilísticamente hablando y utilizó la piedra arenisca en tonalidades rojizas como material base.

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