Etapa 7: Santa Eulalia la Mayor – Casbas de Huesca

Descripción

Por el antiguo abadiado de Montearagón

Esta larga etapa del Camino Natural de la Hoya de Huesca discurre por algunas poblaciones de lo que fue el Abadiado de Montearagón, pudiendo visitar una buena cantidad de bienes de gran interés cultural y etnológico, como el puente medieval de Sipán, la iglesia de San Miguel de Foces, la ermita de San Esteban o el Monasterio de Casbas. A lo largo de los 25,7 kilómetros de recorrido, atravesaremos los municipios de Loporzano, Siétamo, Ibieca y Casbas de Huesca por un paisaje de cultivos agrícolas y carrascales localizado en el Somontano de la sierra de Guara.

De Santa Eulalia a Sipán

Ermita de la Virgen del Viñedo

El camino abandona la localidad de Santa Eulalia la Mayor descendiendo por la carretera hacia el llano, para desviarse en una curva cerrada por una pista hacia la derecha entre campos de olivos (Olea europaea). Avanzamos descendiendo entre olivos y almendros (Prunus dulcis) alrededor de 900 metros y tras un quiebro a la derecha y posteriormente a la izquierda el camino continúa entre cultivos herbáceos de secano, con la imagen del pueblo de Castilsabás sobre la ladera de un pequeño cerro.

En unos 500 metros encontramos el desvío a la derecha hacia la ruta alternativa por el Molino de Aceite y por la ermita Virgen del Viñedo. Siguiendo la señalización llegamos al antiguo molino, una construcción rectangular con tejado a una vertiente, junto al que encontramos un panel explicativo. Tanto el edificio como su interior fueron restaurados recientemente manteniendo su estructura original, y en su interior se puede apreciar todavía la muela, la prensa, las piletas y canalillos necesarios para todo el proceso de transformación de la oliva en aceite. Desde aquí parte un sendero hacia la vecina ermita de Nuestra Señora del Viñedo, rodeada de olivos y que alcanzamos en algo más de 100 metros, junto a la cual se encuentra el Centro de Visitantes de El Viñedo, orientado al Parque de la Sierra y los Cañones de Guara.

El Castillo de Montearagón resulta visible desde gran parte de la comarca

Tras cruzar la carretera continuamos por una pista que, como en gran parte del recorrido, presenta unas condiciones óptimas para el tránsito en bicicleta. Rodeados de extensos campos de cereal, dejamos a la izquierda Castilsabás, emplazado en un cerro cubierto de carrascas (Quercus ilex), coscojas (Quercus coccifera) y enebros (Juniperus communis).

Continuando por la pista principal, en la que vamos encontrando varios postes marcando el Camino Natural, aparece en el horizonte la silueta del gran castillo de Montearagón.

Tras dejar el camino a Loporzano a la derecha, en menos de 1,5 km se alcanza la primera de las numerosas ermitas que encontraremos a lo largo del recorrido. Se trata de las ruinas de la ermita de San Fertús, situada en una pequeña meseta donde antiguamente se emplazaba un pequeño pueblo medieval.

Necropolis medieval en torno a la ermita de San Esteban

El camino continúa en dirección Sureste hacia Ayera, que tras tomar una curva cerrada a la izquierda, aparece ya frente a nosotros. Una vez atravesada la pequeña localidad por la carretera principal, debemos desviarnos a la izquierda por una pista de grava hacia la ermita de San Esteban.

En pocos metros alcanzamos, las ruinas de esta modesta ermita construida entre los siglos XIII y XIV, sobre un tozal del que se han deprendido grandes bloques de arenisca y donde se conservan los restos excavados de dos silos y una necrópolis medieval con tumbas antropoformas. Después su visita, retomamos el camino continuando 1,5 km por el llano cerealista, tan sólo interrumpido por un pequeño repecho entre carrascas.

Tras remontar esta pequeña vaguada, rebasamos dos cruces de caminos, separados 800 metros entre sí, que debemos tomar de frente para llegar a la pequeña población de Sipán, donde se encuentra la iglesia renacentista de Santa María, del siglo XVI.

De Sipán a Ibieca

Puente de Sipán, sobre un estrechamiento del río Guatizalema

Abandonamos Sipán cruzando la carretera A-1227 y continuamos descendiendo entre carrascas hasta el área de descanso situada junto al puente medieval de Sipán, que fue construido aprovechando un pequeño encajonamiento del río Guatizalema.

Tras cruzar este sencillo pero bien conservado puente y disfrutar del reconfortante entorno que ofrece el río, nos adentramos de nuevo en una zona donde predominan los cultivos cerealistas, que se intercalan con las redondeadas copas de las carrascas que motean el paisaje. Tras pasar un cruce de caminos que continuamos de frente, el camino se desvía a la izquierda convirtiéndose en un estrecho sendero que desciende ahora bajo la sombra del carrascal, hacia el cauce del barranco de la Ripa. Tras cruzar el pequeño cauce por unas piedras comienza una subida por una zona de areniscas cubierta de carrascas, coscojas, bojes (Buxus sempervirens) y genistas (Genista scorpius), en la que se pueden observar varios derrumbes de areniscas producidos por la erosión de los materiales inferiores arcillosos, más blandos y fácilmente meteorizables. En la parte final de la subida, el sendero se transforma en una pista que avanza atravesando un paisaje dominado por los carrascales, y tras pasar dos pequeños cultivos, desembocamos en una pista donde debemos desviarnos a la izquierda, siguiendo las indicaciones del camino hacia Ibieca, que en pocos metros aparece a nuestra vista. Continuando el camino principal, debemos pasar un cruce de caminos, para ir acercándonos a Ibieca por un paisaje cada vez más dominado por los cultivos de secano.

Tras pasar la zona de la fuente del Aquillán llegamos al cementerio de Ibieca, donde el camino gira a la derecha compartiendo trazado con la carretera que conduce al pueblo, pasando por la gran plaza rectangular de la localidad, en la que destacan varias casas con arcos de medio punto y grandes dovelas sobre las puertas y escudos en las fachadas principales.

De Ibieca a Casbas de Huesca

La monumental ermita de San Miguel de Foces

Desde la plaza nos dirigimos a la izquierda pasando junto a la robusta iglesia de San Clemente, para a la altura de un crucero de hierro a las afueras de la localidad, desviarnos a la izquierda, hacia la ermita de San Miguel de Foces. Continuamos avanzando por un paisaje claramente agrícola en el que aparecen algunos campos de olivos y carrascales dispersos, entre los predominantes campos de secano, hasta que en algo más de 2 kilómetros, se alcanza la ermita de San Miguel de Foces, un soberbio monumento construido en la transición del románico al gótico, considerado uno de los edificios góticos más relevantes de Aragón, y que fue declarado Monumento Nacional.

Tras el área de descanso que existe junto al monumento, el camino se desvía a la izquierda por un sendero que avanza junto a un pequeño arroyo entre zarzas (Rubus sp.), juncos y un tapiz herbáceo que denota cierta humedad. Tras cruzar la pista, el sendero avanza bajo las redondeadas copas de las carrascas formando un bonito túnel natural, y en 150 metros confluye de nuevo en la pista que avanza de nuevo llaneando entre cultivos. El paisaje cambia por un momento al cruzar los barrancos de Alvarín, de las Hoyas y un poco más allá el de Cañeto, con algunos bloques de areniscas despuntando y donde la vegetación arbolada es algo más abundante. Junto a estos pequeños cauces, se desarrolla la típica vegetación de ribera, con abundantes zarzas, chopos (Populus sp.), fresnos (Fraxinus sp.) y alguna carrasca de grandes dimensiones.

Panorámica general de la comarca del Somontano oscense, a la salida de Ibieca

Transitando por el camino de las Velillas dejamos a un lado la ermita de San Blas o Virgen de los Olivares, pudiendo contemplar ya la torre de la remodelada iglesia de San Martín de Sieso de Huesca. 

Dista poco para alcanzar el final de etapa, para ello debemos atravesar Sieso de Huesca por una de sus calles y en las afueras tomar una pista a la derecha hacia Casbas. Tras dos bolardos de piedra que impiden el paso de vehículos, alcanzamos la carretera A-1228, y que cruzamos para entrar en Casbas de Huesca. Junto al cruce encontraremos una zona de descanso con un aparcabicis y un panel informativo, finalizando esta larga etapa del Camino Natural de la Hoya de Huesca.

En Casbas de Huesca destaca el monasterio cisterciense femenino de La Gloria, un conjunto de variadas edificaciones de distintas épocas, actualmente perteneciente a una fundación que trata de recuperarlo.

Perfil

MIDE (Método para la Información de Excursiones)

(calculado según criterios MIDE para un excursionista medio poco cargado)

Información Destacada

Información adicional

Abadiado de Montearagón

Allá por el año 1085, el rey aragonés Sancho Ramírez siguiendo los pasos hacia la reconquista que iniciara su abuelo el rey Sancho III desde Loarre hacia el sur, decidió edificar una fortaleza a las puertas de Huesca, desde donde iniciar el asalto a la ciudad, si bien sería su hijo Pedro I, el que culminara su conquista en 1096.

En 1093 se inicia la construcción de la iglesia y se funda un monasterio para la orden agustiniana, que fue alimentado por los canónigos que se encontraban en Loarre, para terminar de unificar religión y estrategia militar bajo su jurisdicción, así nace el abadiado de Montearagón.

Poco a poco, el rey va incrementado el poder y los privilegios de la Abadía con la incorporación de nuevos territorios como la Almunia del Romeral, Ayera, Bandaliés, Barluenga, Castilsabás, Chibluco, Loscertales, Loporzano, San Julián de Banzo, Santa Eulalia la Mayor, Sasa del Abadiado y Sipán. Estos doce núcleos se han mantenido hasta nuestros días con la denominación de Abadiado de Montearagón y con la Virgen del Viñedo centrando la vida religiosa e histórica del lugar.

Incluso con Felipe II, ya en el siglo XVI, el abadiado de Montearagón poseía jurisdicción sobre 77 lugares y villas. Si bien la vida monástica acaba con la desamortización de Mendizábal en 1835.

Posteriormente en 1845, el castillo de Montearagón sufre un importante incendio que lo deja relegado a las ruinas actuales. En 1931 fue declarado Monumento Nacional. En la actualidad, la Administración Central y la Asociación de Amigos del Castillo de Montearagón están buscando una utilidad para este monumento, que permita su restauración.

Entre las ermitas ligadas a los doce núcleos primitivos del abadiado de Montearagón, destaca la ermita de la Virgen del Viñedo. Esta ermita pertenecía al abadiado de Montearagón desde el año 1092 durante el reinado de Sancho Ramírez, y el origen de la misma se debió a la aparición de la Virgen a un pastorcillo en el siglo XI. La Virgen para que creyeran su historia le dijo que tendría unida la palma de la mano a la mejilla, y así fue. El pueblo erigió una ermita donde el niño les indicó.

También ha llegado hasta nuestros días una tradición relativa a un favor que concedió la Virgen en el siglo XII. Ocurrió que se propagó una enfermedad mortal a los niños recién nacidos que diezmó la población infantil. Los habitantes de la zona se reunión y realizaron una procesión y misa, y rogaron a la Virgen que finalizara la epidemia, y como la misma acabó al poco tiempo, los vecinos hicieron voto de realizar una procesión a la ermita a partir de ese momento. Esto tiene lugar el 1 de mayo, fecha en la que los doce pueblos del abadiado llegan en procesión a la ermita.

Otras ermitas románicas de interés, aunque se encuentran en la actualidad en un estado de abandono, son las de san Fertús, situada a mitad de camino entre Ayera y Sasa del Abadiado y la ermita de san Esteban y su necrópolis, en las cercanías de Ayera.

La ermita de san Miguel de Foces, restaurada en 2003 y 2004, y localizada en un paraje incomparable con la sierra de Guara al fondo, marca el paso del románico tardío al gótico, puesto que ya fue construida en el siglo XIII, con la función de panteón de la familia Foces. Es Monumento Nacional desde 1916.