Etapa 1: Albarracín a Villar del Cobo

Descripción

Etapa 1: Albarracín - Villar del Cobo

En busca del nacimiento del Tajo

A escasos metros del caserío de Albarracín tiene su inicio el Camino Natural del Tajo. El nacimiento del río se emplaza a pocos kilómetros de distancia, pero sin duda merece la pena disfrutar de la localidad que da nombre a la sierra, en cuyas escarpadas laderas nace el Tajo. Sus aguas recorren inicialmente un paisaje de montaña, caracterizado por la presencia de escarpes y cortados rocosos, aunque éste, pronto es sustituido por los magníficos y extensos bosques de pino laricio que crecen en las laderas de la Sierra de Albarracín. Según se avanza en el recorrido, el relieve se suaviza dando paso a zonas de pastos, tierras de labor y olivares.

Vista del casco antiguo de Albarracín y su muralla

La primera etapa comienza en las afueras de Albarracín, población medieval radicada sobre una colina, en el interior de un meandro tallado por el río Guadalaviar (río Turia, a partir de Teruel), que antaño hacía las veces de foso defensivo natural. Posee abundantes monumentos tanto artísticos, como históricos, de los cuales cabe destacar las construcciones religiosas así como la arquitectura de sus viviendas, calles y plazas, que reflejan a la perfección la adaptación de la población a la difícil orografía de la zona.

El camino comienza tras atravesar una abertura en la muralla que rodea la villa y, con dirección noroeste, sigue el Camino de Valdemán, ascendiendo de modo progresivo hasta alcanzar la parte alta del cerro. En este punto se observan unas espectaculares panorámicas del pueblo medieval.

Fuente de la Veguilla

El paisaje se antoja yermo y escaso de vida, pero nada más lejos de la realidad. En los páramos habitan muchas especies animales y vegetales que se han adaptado a las condiciones medioambientales que imperan en las zonas más expuestas.

El sendero se prolonga por la parte alta del páramo, circundado por fincas dedicadas al cultivo y algunos ejemplares de sabina (Juniperus thurifera), hasta llegar a la masía de la Rochilla, enclavada en la orilla derecha del mismo. Desde aquí comienza el descenso hacia el barranco de los Moñigueros. Aproximadamente a 1,5 km el camino llega a un cruce y gira hacia la izquierda por una amplia pista hacía el Puntal de Antonio. Este tramo del Camino Natural del Tajo está inmerso en el LIC Sabinar de Monterde de Albarracín.

Según se avanza en el itinerario se produce un cambio gradual del paisaje, en el cual las sabinas van dando paso a los pinos (Pinus spp.).

Vista del Camino bajando entre enebros y pinos

La ruta desciende hasta confluir con la carretera A-1512, con la que se solapa durante unos metros, para luego proseguir hacia la izquierda hasta superar por un puente el río Guadalaviar. Continúa por su margen derecha hasta que lo vuelve a cruzar para dirigirse con rumbo norte, alcanzando finalmente la población de Torres de Albarracín. En la orilla del río, junto a este último puente, se localiza la Fuente de la Veguilla con un área recreativa, cuyos bancos, mesas y la sombra aportada por los árboles de ribera permiten descansar e incluso tomar algún refrigerio antes de visitar el pueblo.

La etapa prosigue desde la localidad de Torres de Albarracín desandando el camino que se ha recorrido para acceder a ella hasta atravesar el puente, desde donde sigue con orientación sur hasta remontar el barranco de las Fuentes. En el siguiente cruce el recorrido gira hacia la derecha y esquiva el cerro de Las Fuentecillas.

Primeros farallones rocosos

La travesía continúa en un constante sube y baja, transitando por el valle de La Loma hasta llegar al cañón del río Guadalaviar, donde los cortados y escarpes rocosos forman un paisaje único. Existen balcones naturales desde donde es posible observar el vuelo del buitre leonado (Gyps fulvus). Estos parajes se encuentran protegidos por el LIC Estrechos del Guadalaviar.

La vía converge con la carretera de Villar del Cobo a la altura del paraje de la Zarramora, y el trazado de ambas se superpone durante un trecho, hasta entrar en una curva muy cerrada desde la cual el itinerario sigue por una pista que supera el arroyo del Rollo. En la siguiente intersección gira a la derecha con trayectoria noroeste hasta empalmar con la carretera anterior, por donde transcurren los últimos metros de la etapa hasta finalizar el recorrido en la localidad de Villar del Cobo.

Perfil

Perfil MIDE de la Etapa Albarracín-Villar del Cobo


MIDE (Método para la Información de Excursiones)

(calculado según criterios MIDE para un excursionista medio poco cargado)

Información Destacada

Información adicional

Albarracín

Sin duda alguna se trata de uno de los pueblos más bellos de España. Reside su encanto en sus callejuelas estrechas, con casas cuyos aleros parecen tocarse; con sus muros de yeso rosa donde a veces aparece el entramado de madera a cara vista, y sus bellas rejerías que junto a su situación en la ladera del monte la dotan de variadas y bellas vistas casi desde cualquier punto.

Albarracín posee uno de los mejores conjuntos de arquitectura civil de la provincia de Teruel. Existe además una amplísima serie de casonas y palacios de distintas épocas. La casa de la Brigadiera, actual hotel Azagra, junto a ella se encuentra la casa de los Navarro de Arzuriaga, del siglo XVII. En la calle de la Catedral se halla la casa de los Monterde que posee un magnífico escudo situado sobre el portalón. Entre los edificios de carácter religioso destaca la Catedral del Salvador de Albarracín (XVI), que configura una de las imágenes emblemáticas de la ciudad. Unido a la catedral a través de un claustro se encuentra el palacio episcopal. Junto al torreón de Doña Blanca se encuentra la iglesia de Santa María. En la calle que lleva a la iglesia de Santa María se localiza la ermita de San Juan. En el Arrabal se construyó en el siglo XVIII la ermita de Santa Bárbara. La ermita del Santo Cristo de la Vega es de origen medieval, como lo atestigua la imagen románica de la Virgen.

La oferta museística es amplia. El Museo del Juguete acoge la colección Eustaquio Castellano, que expone 7.000 piezas datadas entre 1850 y 1960; en el Museo Catedralicio destaca, además de varias piezas significativas, la colección de tapices flamencos; y también pueden visitarse el Museo Martín Almagro y algunas exposiciones permanentes, por ejemplo de forja.

La forja

Uno de los elementos más destacables de la comarca de la Sierra de Albarracín son sus innumerables trabajos en forja, recios y bellos a la vez. Entre los elementos característicos producidos por los herreros podemos destacar la rejería exterior de las grandes casonas, edificios civiles y religiosos. Por un lado, desempeñan un importante papel para proteger la vivienda e impedir el libre acceso desde el exterior; por otro, proporcionaban un efecto disuasorio por medio de la representación de figuras simbólicas en sus remates y sirven de ornamento en la composición de las fachadas principales.

Además de llaves, bocallaves, clavos y picaportes; sin olvidar los elementos de uso doméstico y agrícolas de la vida cotidiana. También merecen especial atención tanto las barandillas de numerosos balcones, como las puertas claveteadas, cuya solidez se incrementa con la incorporación de herrajes, clavos, cerrojos... etc., con un fuerte efecto estético, que además, incorporan algún elemento decorativo (marcas grabadas, cruces, corazones, figuras de animales...). En ellas, los llamadores o aldabas tienen formas variadas; desde simples piezas alargadas, mazos, o argollas, a interesantes representaciones de animales como lagartos y serpientes. Otro elemento exterior son las veletas, que coronan los campanarios y aportan detalles de gran belleza y delicada realización.

Por último, destacar la labor artística de Adolfo Jarreta, quien ha decorado con gran maestría los huecos y portones de buena parte de la arquitectura de Albarracín y ha dejado su impronta inconfundible en numerosos detalles de forja, como legado de la técnica tradicional en el trabajo del hierro.

La vida del páramo

En las zonas más altas y expuestas, donde las condiciones climatológicas son más extremas la vegetación se vuelve rasa y esteparia. Sólo eriales para el ganado y algunas fincas de cereal tiñen las desabrigadas llanuras del páramo.

En los páramos y terrenos de estas características, con poco suelo, temperaturas extremas, falta de agua y una gran exposición al sol, sólo las especies mejor adaptadas son capaces de sobrevivir. Las plantas protegen sus hojas y ramas con pinchos para no perder agua y que el ganado no se las coma; un buen ejemplo son las aulagas (Genista scorpius), de cuyas flores se extraía un tinte amarillo para colorear la lana; los endrinos (Prunus spinosa) cuyos frutos contienen mucha vitamina C y se usan para aromatizar el pacharán; o los cardos.

Con objeto de evitar transpirar mucho y llegar a morir por falta de agua, algunas especies como el cantueso (Lavandula stoechas) o el tomillo (Thymus sp.), han reducido el tamaño de sus hojas, hasta llegar a ser diminutas y curvadas hacia abajo para evitar el sol directo.

Los animales también se adaptan a las condiciones del páramo, presentando plumajes pardos para camuflarse en el suelo, un vuelo rápido y una conducta escondidiza para huir de los depredadores en un espacio tan abierto. Alcaravanes (Burhinus oedicnemus), bisbitas (Anthus trivialis), calandrias (Melanocorypha calandra), alondras (Alauda arvensis), cogujadas (Galerida cristata) y gullurías (Lullula arborea) son algunas de las especies que utilizan los páramos como lugar de residencia.

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