Resumen: Concebida hasta ayer como base principal del proceso de construcción europea, la política agraria común (PAC) es hoy considerada, desde muchos círculos de opinión, un freno a ese proceso. Con la puesta en marcha de una política agraria común, la Conferencia de Stresa y el Tratado de Roma trataron, por un lado, de asegurar la seguridad alimentaria en los seis países fundacionales de la Comunidad Económica Europea (CEE), y, por otro, de convertir a ésta en una potencia exportadora a nivel mundial, respetando el modelo de agricultura familiar y satisfaciendo las demandas de los consumidores. Al no haberse previsto entonces que era posible asignarle a la PAC otros objetivos más amplios que los meramente productivos, y al no haberse comprendido tampoco que toda política debe cambiar para ir incorporando los resultados alcanzados por ella, la Unión Europea (UE) ha dejado germinar la idea de que la PAC no tiene ya sentido ni para los agricultores ni para los consumidores, y de que se ha convertido en un obstáculo para la construcción europea y para las relaciones de la UE con el resto del mundo.